Tema 11 (DIDÁCTICA) - La evaluación en el aula de lenguas extranjeras
Esta entrada está relacionada con el tema 11 «La evaluación en el aula de lenguas extranjeras», de la asignatura de Didáctica de la Enseñanza de las Lenguas extranjeras. Durante estas sesiones, tratamos la importancia que tiene la evaluación en el proceso de enseñanza-aprendizaje dentro de un aula de lenguas extranjeras, y consideramos los criterios de evaluación como, por ejemplo, las rúbricas, un elemento esencial.
Como docentes, tenemos que tener en cuenta que es tan importante que los estudiantes disfruten de las clases y estén motivados como que el aprendizaje sea efectivo. Para valorar este último aspecto, la herramienta que determina si los estudiantes están logrando cumplir, o no, los objetivos marcados es la evaluación: la evaluación es un proceso continuo e individualizado dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, que tiene como objetivo el conocer el desarrollo de cada alumno, y si se diese el caso, adoptar medidas de refuerzo para asegurar que se alcanzan los objetivos establecidos para su nivel. Por lo tanto, es una herramienta muy útil para tomar decisiones que puedan mejorar el rendimiento de los estudiantes, y a su vez, se pueden beneficiar de ella tanto docentes como alumnos:
- Los docentes pueden mostrar a sus estudiantes cuáles serán los aspectos a los que deberán prestar más atención en las distintas tareas, ya que serán esos los sometidos a criterios de evaluación y no otros. Asimismo, los profesores reciben información sobre la eficacia de su metodología.
- En lo que tiene que ver con los estudiantes, la evaluación puede servir como agente motivador, ya que reconoce su esfuerzo a través de puntuaciones, notas, feedback, etc. y los fuerza a revisar los contenidos de temas anteriores para reforzar el aprendizaje. Nuestro labor como docentes es que los estudiantes tomen consciencia de ese feedback y que actúen sobre él, por lo que este siempre debe resaltar los aspectos a mejorar y cómo llegar a esta mejora, a través de notas, informes, pequeñas reuniones, etc.
Dentro del término «evaluación», se distinguen diferentes tipos que dependen del agente evaluador. En primer lugar tenemos la autoevaluación, que es la evaluación que realiza el propio estudiante de su proceso de aprendizaje y de los resultados obtenidos, reflexionando sobre aquellos aspectos que han supuesto algún problema o dificultad. También tenemos la coevaluación, proceso por el cual son los estudiantes de la clase quienes se evalúan entre sí. Antes de realizar una coevaluación es necesaria una explicación del sentido y el objetivo de la coevaluación, entre otras cosas para evitar un empeoramiento de las relaciones sociales dentro del grupo. Como docentes, debemos poner en común los criterios de evaluación que se van a seguir así como las herramientas que se utilizarán. Esto potenciará tanto el aprendizaje colaborativo como el rol del alumnado dentro del aula. Por último, la heteroevaluación hace referencia a aquellos procesos de evaluación realizados por personas distintas al estudiante. Dentro de este término encontramos otros tres tipos de evaluación según el momento del proceso en el que se usen: la inicial (o diagnóstica) es aquella que tiene como fin el informarse de los conocimientos y conocer las capacidades del alumnado para diseñar el punto de partida y nuevos aprendizajes -es la evaluación para el aprendizaje-. La formativa (o continua) observa los procesos de aprendizaje de los alumnos, ofreciendo apoyo pedagógico oportuno, y en caso necesario modificar las estrategias a lo largo del proceso -es la evaluación como aprendizaje-. Por último, la evaluación final (o sumativa), tiene como objetivo el conocer el grado de domino de los objetivos y contenidos, además de valorar los resultados del aprendizaje y del proceso -es la evaluación del aprendizaje-.
Tras haber visto la parte más teórica de los contenidos, llega una pregunta crucial para un docente: ¿cómo debemos evaluar? Es importante tener en cuenta que debemos evaluar las competencias de nuestros estudiantes, es decir, los instrumentos deben ir en concordancia con los desempeños que se utilicen en la resolución de problemas que simulen contextos reales, movilizando sus conocimientos, destrezas, valores y actitudes. Los niveles de estos desempeños de las competencias se tendrían que medir a través de indicadores de logro, tales como rúbricas (de las que hablaremos más adelante) o escalas de evaluación. También se debe tener en cuenta el principio de atención a la diversidad de acuerdo con los principios de no discriminación, accesibilidad y diseño universal. Asimismo, el profesorado debe utilizar procedimientos de evaluación variados, de modo que permitan evaluar los distintos tipos de capacidades, y deben utilizar distintos códigos (verbales, orales, escritos, numéricos, etc.) para adecuarse a las distintas aptitudes y que el código no mediatice el contenido que se pretende evaluar. La evaluación formativa de la que hablamos anteriormente debe adoptarse como referente principal, ya que esta evaluación tendrá en cuenta los conocimientos previos del alumnado y los progresos serán recogidos tanto como para una mejora de las metodologías como para la evaluación sumativa al final de los trimestres. Debemos tener en cuenta, también, que los instrumentos de evaluación deben de poder ser aplicados tanto por el profesor como por los alumnos, en situaciones de autoevaluación y de coevaluación. Por ello, las rúbricas son una estupenda guía de trabajo que refleja los criterios con los cuales el trabajo de los estudiantes será juzgado.
Como actividad de aula, por grupos, tuvimos que elaborar una rúbrica para la evaluación de la tarea de mediación del tema 3. Aunque la creación de este tipo de herramienta puede resultar dificultoso, la verdad es que fue muy útil el tener que pensar todos los criterios de evaluación, con sus descripciones, ajustados a una escala de calificación. Además, el elaborar una rúbrica específica para una actividad concreta genera otro punto de vista sobre esa misma actividad, que te hace pensar de manera profunda en si los objetivos y competencias de esa tarea están bien enfocados a lo que realmente uno quiere como docente.
Después de esta rúbrica también elaboramos la evaluación formativa de la misma actividad, lo que nos hizo volver a pensar sobre qué queremos evaluar como docentes. Y aquí fue cuando nos dimos cuenta de la importancia de la evaluación, ya que nuestros alumnos deben aprender algo, lo que sea, de las actividades que les propongamos, y si nosotros como docentes les mostramos qué aspectos van a tenerse en cuenta para su evaluación, el beneficio será para ambos, pues nosotros podremos dirigir la actividad para que movilicen las capacidades que nosotros deseamos, y ellos sacarán el máximo partido de dicha actividad.
Bibliografía:
¡Hola, Raquel! Concuerdo contigo en que las actividades que realizamos para trabajar la evaluación fueron muy útiles. Como tú dices, elaborar una rúbrica en base una actividad previamente diseñada por nosotros me hizo reflexionar sobre qué se debería incluir en ella o no, o si los contenidos de la rúbrica se ajustaban a los objetivos de la actividad. Considero que gracias a este tema, hemos descubierto la importancia que tienen otros tipos de evaluación, restándole la importancia que no se merecen las calificaciones numéricas. Las evaluaciones formativas son útiles tanto para los estudiantes como para los docentes, por lo que es buen recurso a utilizar para que todos salgamos ganando.
ResponderEliminar¡Hola Raquel! Me ha parecido que aportas unas visiones muy notables sobre lo aprendido en clase en relación a este tema. Estoy de acuerdo con tu explicación sobre como debemos de evaluar de manera efectiva, como que el profesor debe utilizar diferentes tipos de evaluación si se están analizando varias destrezas. Por otra parte, también creo que es fundamental tener en cuenta la atención a la diversidad en este proceso, tal y como mencionas. Considero que la evaluación que un docente emplee en su materia debería modificarse cada curso académico para adaptarlo de la mejor forma a las características particulares de su nuevo grupo de alumnos. Y si se da el caso de tener alumnado que precisa esta atención a la diversidad, el profesorado debe evitar la discriminación en el aula además de aportarle las medidas posibles para favorecer el buen aprendizaje también en este tipo de alumnos. Un saludo.
ResponderEliminarRaquel, gustoume moito a túa mención á diversidade, xa que abre un melón con dúas opinións moi claras: hai opinións a favor de facer as modificacións necesarias para que os alumnos con necesidades específicas de apoio educativo estean nas mesmas condicións que o resto do alumnado e, por outra banda, os que están en contra desta medida, que alegan que precisamente dálles vantaxe a estes alumnos, xa que consideran que todos deben ser examinados do mesmo xeito. Persoalmente, e polo que deduzo da túa entrada, ambos estamos de acordo en que adaptar os métodos de avaliación á diversidade é a mellor opción de acordo cos principios de inclusión.
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