Relación entre estudiante y docente en el aula

    Como primera entrada de este blog, hoy hablaremos sobre la relación entre estudiante y docente en el aula.

    Supuestamente, en la actualidad los centros educativos están intentando modificar su modelo didáctico tradicionalista por el de «investigación en la escuela», lo que conlleva un cambio de rol en relación con la figura del docente en la clase.
Seguramente, en algún momento de nuestra vida académica, todos hemos compartido aula con ese tipo de profesor al que solo le importaba impartir la materia en los 50 minutos que duraba la clase y al final de curso ponerte un 7 en el boletín, y listo. Posiblemente, ese profesor también era el mismo que no iba más allá del libro de ejercicios y la única técnica de estudio que podías emplear para aprenderte los temas era la de repetición, ya que si no escribías lo que aparecía tal cual en el libro, te lo tachaba como incorrecto.

    Lo más probable es que tú como estudiante, si tenías algún problema personal, ese profesor sería el último al que acudirías para pedir algún tipo de ayuda. Y es que además de que ser docente significa tener unos conocimientos previos que deben ser transmitidos de forma eficiente para que los alumnos obtengan una buena formación, también implica una formación social. Qué quiere decir esto; el aprendizaje es un proceso cognitivo en el cual intervienen una inmensa cantidad de emociones, sobre todo en la etapa de secundaria donde los estudiantes entran en su adolescencia. Es por ello que podemos afirmar que en la relación profesor-alumno debe existir un vínculo más allá de lo meramente académico.

    Ahora bien, en el modelo de «investigación en la escuela» antes mencionado, se espera que la figura del docente pierda esa perspectiva autoritaria del modelo tradicional y pase a ser un guía para los estudiantes en el proceso de aprendizaje. Eso conlleva a que el estudiante sea el protagonista de su propio aprendizaje, pero que a su vez sea consciente de que puede acudir a su profesor para tratar cualquier tema que interfiera en ese aprendizaje, ya sea académico o personal. Todo esto con la finalidad de lograr que los estudiantes confíen en los docentes para que estos puedan ayudarlos en la toma de decisiones correctas para su vida.

    El comportamiento, la actitud y las expresiones utilizadas por un docente pueden impactar significativamente en su alumno durante años e incluso para toda su vida en áreas como las relaciones interpersonales. Por ello, los docentes deben desarrollar la capacidad de sentir empatía, y no dudar en conocer a sus alumnos escuchándolos, entendiendo sus cambios de ánimo e interpretando cómo se sienten. Sin embargo, es relevante recalcar que la relación de docencia es una relación interpersonal pero no amical, ya que existe una diferencia entre crear un vínculo con los estudiantes y que el profesor sea tu «amigo».

    Un estudio realizado por PISA, llamado ¿Afectan las relaciones profesor-alumno al bienestar de los estudiantes en la escuela?, afirma que «las buenas relaciones entre profesores y alumnos juegan un papel fundamental en dicho desarrollo y en la actitud de estos últimos hacia el aprendizaje. Cuando los alumnos tienen una buena relación con sus profesores, tanto su rendimiento académico como su sentido de pertenencia al centro salen beneficiados». Dada la importancia de esta relación, se pueden emplear diversas estrategias para fortalecer y mantener ese vínculo. Algunas de ellas podrían ser:

  • Los docentes deben mantener una comunicación con el alumnado para demostrar su interés en ayudarlo, lo que se incluye dentro de la mediación pedagógica (que se basa en saber utilizar los contenidos y tratar diferentes temas con el fin de hacer de la enseñanza y el aprendizaje un momento de gran interés para el educando, en el cual puede opinar y expresar sus experiencias, enriqueciendo la clase, además de utilizar su creatividad para hacer más agradable esa interacción).
  • Los profesores deben ser figuras que motiven, con el objetivo de estimular las habilidades de los estudiantes como lo pueden ser el razonamiento o la autocrítica.
  • Transmitir confianza al alumnado para que sean conscientes de que cualquier tipo de problema que puedan estar experimentando no supondrá ningún inconveniente. Tenemos que tener en cuenta que en la etapa de la adolescencia los jóvenes experimentan lo que se llama fábula personal, una tendencia a sobredimensionar sus experiencias y creer que nadie más ha vivido lo mismo.
  • Servir de apoyo cuando las calificaciones en la materia o en otras asignaturas no hayan sido satisfactorias para el alumno. Es importante inculcar la cultura de superación y lograr un aprendizaje significativo, más allá de notas numéricas.
    Personalmente, desde los tres hasta los 16 años, asistí a clases en el Colegio Martín Códax. Fueron muchos los profesores y profesoras que me dieron clase durante ese periodo de tiempo, pero a mi cabeza siempre vuelve el recuerdo de mi profesor de gallego de primero y segundo de la ESO. No le importaba dedicar una clase entera a resolver cualquier tipo de problema, ya fuese individual o que afectase a toda la clase, y que no tuviese que ver con el temario de lengua gallega. Sus estudiantes y el bienestar de estos era su prioridad, e insistía todo lo que podía hasta que conseguía estar al tanto de todos los pensamientos invasivos que, por cualquier motivo, atormentaban a sus estudiantes.
Y pienso que eso es lo importante como docente, ya que, igual no te recuerdan por enseñarles qué son las cantigas de escarnio y maldizer, pero sí porque fuiste un apoyo durante esos años de hormonas revolucionadas.

Sesión del 8 de noviembre de 2022 (Tema 1)

Comentarios

  1. Ola, Raquel. Pareceume moi boa entrada, sobre todo en referencia a unha época de tantos cambios como a adolescencia. Coido que esas estratexias que mencionas tamén son moi importantes, xa que ademais dunha didáctica máis dinámica, ter esas «soft skills» (a empatía ou a capacidade de escoita entre outras) inflúe no alumnado de xeito positivo. Coma ti reflexionaches, ao final sempre imos lembrar o profesorado que nos influíu non só polos coñecementos que adquirimos, se non tamén polo trato, e é que ademais adoita coincidir porque cando temos máis confianza ou estamos máis cómodos aprendemos mellor.
    Por curiosidade botei unha ollada a como estaba situada España nese informe de PISA do 2012 e sorprendeume o alto grado de felicidade do alumnado español na escola, aínda que, posiblemente, a raíz dos problemas de saúde mentais derivados da pandemia esa porcentaxe é agora menor. Polo tanto, se o alumno está feliz e motivado, falla máis a didáctica? Supoño que terá que haber un equilibrio entre ambas, pero non dubido da importancia desa boa relación entre profesorado e alumnado.

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